Antes de que exista una pieza, existe algo más sencillo: una sensación. Una curva en la arena después de que una ola se retira. La sombra irregular que dejan las rocas al atardecer. El color gris azulado que toma el cielo cuando el sol cae detrás de la Serra Grossa. No son imágenes que busco. Son formas que se presentan solas, como si algo quisiera ser visto.
El Mediterráneo no es un motivo estético para mí. No es una postal.
Es una estructura viva desde la que pensar la forma.
El mar enseña que nada es rígido. Que incluso lo que parece estable está en proceso de volverse otra cosa. La línea del horizonte es recta solo cuando la miras rápido; si esperas lo suficiente, verás que respira.
Trabajo para materializar esa tensión.
Para que una pieza pueda contener dentro de sí la memoria de una ola, la vibración de un viento suave, la gravedad de la roca antigua.
El Mediterráneo no aparece en mis obras como imagen, sino como ritmo.

